Ayer, por la tarde cuando el crepúsculo estaba en su agonía , tome las llaves de mi camioneta y encendí el motor, salí de mi garage... no tenía guía , ni mapa , ni siquiera sabía a donde iba... despues de dar vueltas por aquí y por allá... de detuve en un tienda grande , mire las especiales, los puros, los cigarrillos, la cerveza y allí estaba esparandome, ansioso de que lo mirara , casi casi sentía su grito que me decía : hey mírame, aquí estoy , listo para ti! Y en un impulso lo tome en mis brazos y me fuí a mi casa con el.
Compré jamón y queso y los partí en trositos... Estaba sola , aguardando esa llamada que nunca llegó. Me serví mi primera copa , y mi pensamiento voló hacia ti... me lo habías recomendado, ¿recuerdas? y ahora lo disfrutaba , me lo bebia sorbo a sorbito... te imaginaba a mi lado charlando de mil cosas, de tus días en Nueva York, de ése museo que conociste y que por cierto, te falto darme mas detalles sobre las pinturas de Picasso y hablar mas sobre Borges .
Estos días de soledad es cuando mas he sentido tus silencios, y se muy bien que la culpa es mía, no respondía ...me gurdaba en ese closet oscuro, pero no era por engreída o arrogancia , solo que no quería que me vieras, no quería que vieras a esa muñequita de papel que se hiba humdeciendo y haciendose pequeñita.

Han pasado algunos meses y aunque aún me siento un poco desaliñada, estoy sonriente porque en alguna parte de este mundo estas y se que me piensas.
Por lo tanto te propongo un brindis por el Zinfandel, que al fin me atreví a conocer.

Salud.